GPY arquitectos . fotos: © Filippo Poli . + dezeen
La parcela que ocupa la nueva Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna, en el noreste de la isla de Tenerife, se sitúa contigua a la autopista insular TF-5, y se encuentra físicamente separada del actual campus universitario de Guajara por una avenida de gran tráfico rodado. En este contexto, el proyecto establece como primera estrategia el tratamiento del espacio libre y las relaciones con el entorno, como base de un diseño orientado a configurar el edificio como prolongación del espacio público del campus.
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Así, la plaza pública de acceso se configura como dilatación de la avenida principal, y lleva de forma natural las circulaciones del campus al interior del edificio, mientras que los usos compartidos con el resto de la comunidad universitaria y abiertos a la ciudad —como la sala de exposiciones y el salón de actos—, se ubican en la línea de contacto con la nueva avenida del tranvía. El acceso peatonal se configura como una amplia ranura que da paso a una terraza que prolonga el espacio de la plaza en el interior del edificio. Éste se organiza mediante un sistema de corredores semi-abiertos, en forma de lazos múltiples alrededor de una amplia rampa central. El edificio se materializa como la traza envolvente de un vacío interior, definiendo un campus íntimo que configura el paisaje de la nueva Facultad. En la franja construida se sitúan los espacios que albergan el programa codificado (talleres y aulas prácticas de escultura, pintura y dibujo, aulas teóricas, laboratorios, etc.), mientras que los vacíos interiores (los patios ajardinados, la rampa, la terraza de acceso y el amplio porche que se desarrolla bajo esta última) se convierten en lugares de encuentro e intercambio, en aulas abiertas, en espacios expositivos al aire libre que intensifican el uso principal del edificio.
En cuanto a los materiales, en el proyecto de la Facultad de Bellas Artes predomina el uso del hormigón armado, que configura la envolvente exterior, y del vidrio colado, que define el cerramiento traslúcido que recorre todo el edificio, separando los espacios abiertos de los usos docentes específicos. La textura continua de la piel de hormigón, que se consigue mediante un sencillo abujardado irregular sobre un moldeado poligonal, borra las trazas del proceso constructivo. La naturaleza continua de esta envolvente de hormigón, junto a la ausencia de referencia escalar a los espacios que alberga o de referencia técnica a su construcción física, expresa el carácter territorial de la imagen urbana del edificio de la nueva facultad.