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Carlos Cachón

Telegrama, no tuit

Carlos Cachón

 

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La mentira en arte es admisible. Se puede filmar como real un hecho ficticio, siempre que se reproduzca de modo fidedigno y haya un motivo que lo justifique. Lo que pudo haber sido y no fue. Eso demuestra que existen dos tiempos, el de la realidad, donde todo sucede ante nuestros ojos y el de la representación, donde todo merece ocurrir en el plano ideal de nuestra imaginación. Por eso la mayoría de las propuestas que apuestan por la verdad –contextual, tecnológica, ecológica- poseen una flaqueza: confunden el tiempo de lo real, rendido a lo correcto, con el de la reflexión -lo no acomodaticio- que sólo puede aspirar a alcanzar un sentido.