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Carlos Cachón

Telegrama, no tuit

Carlos Cachón

 

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Cuando, apenas un niño, visité por primera vez Nueva York lo que más me sorprendió no fue el tamaño de sus edificios, no fue tropezar con un joven de color y al pedirle disculpas advertir en su mirada que había provocado él el choque, no subir por uno de los ascensores más altos del mundo. Fue más bien descubrir los amplios grupos de vagabundos ocupando cualquier rincón público. Sin que a nadie pareciera preocuparle. Hoy que las políticas neoliberales han triunfado sería difícil volver a experimentar idéntica extrañeza.