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Sol89

T. Culinary workshop . Sevilla

Sol89 . T. Culinary workshop . Sevilla afasia (12)

Sol89 . María González y Juanjo López de la Cruz . photos: © Fernando Alda

THE MEMORY OF THE CITY

 

This delightful little locale where the culinary workshop takes place has a particular volume in which everything relates to the central cast-iron column that presides over the premises. From the bleak light that seeps through the two façade openings and in from the backyard, we can see the powerful brickwork walls that reveal the constructional history of the building located in this historic city, in Boteros Street, an old word meaning wineskins were sold there and whose etymology is partly recovered with this locale’s latest venture.

THE CUSTOM OF THE KITCHEN

The aim is to create a cooking workshop in which to conceive recipes and teach gastronomy courses, olive oil samplings, wine tastings… The place where students,and diners and master chef must conjoin in a single didactic space; the remainder providing a reception area and office, a restroom and plenty of storage. The term culinary workshop refers to a communal effort in which the art of cooking is opened to a group of people, it is no longer a hidden process but a revelatory action in which the chef divulges the secrets to the participants. This participatory action condition evokes a ceremonial assembly that, together with the conformity conferred by the cast-iron column, suggest the configuration of a space around the act of cooking. We proposed then, a shape curled around the column that polarises the space, emphasising its centrality through multiple circular and concentric shapes around it as the maximum expression of the meeting space.

THE BOUNDARY AND THE MARGINS

The central volume of the culinary workshop is defined by a curved ash wood screen whose geometric centre is the cast-iron column. This boundary created the secondary spaces that arose between the convex face of the circumference and the limits of the premises for the necessary other uses. It offers a clear reading of the space in which secondary areas are displaced to the margins and integrated into the curved geometry, avoiding the proliferation of elements that cloud and compress a reduced space like this one. At a determined height, the curved face of the screen stops and the supporting muntins behind continue up then point in to the central column. Thus we build a structure that allows us to create an enveloping atmosphere that also veils the secondary installations and the reinforcements of the existing structure.

THE FLOOR OF THE HANDS

The Spanish philosopher Gustavo Bueno maintained that the table is “the floor of the hands”, an anthropological consequence of our evolution that had to provide a surface for craft once the hands were released from their motor function. The table is a raised floor. Thus, the table for diners and students (created together with Ignacio Sánchez Martín and Nicholas Chandler) embraces the cast-iron column and presided over by the chef’s table, full of instruments and materials like that of a sculptor. The surface height is variable to accommodate the acts of cooking and eating. It was made with wood from the streets of Seville: orange tree, robinia, cypress, melia, olive tree and grevillea, some of American and Australian origin, reclaimed after the annual pruning or after being felled by high winds. Wooden screen and table make the space up, so we can speak of an installation rather than built architecture, in which the relationship with the existing column is more in opposition than in interaction, acknowledging its presence but without exposing it excessively. It will also be a reversible installation which can be moved at any time, adding a transient layer to the history of this place without it being permanent.

“A kitchen is a fine workshop: the house of the hands; the centre or focus of all energy. Nowhere else do hands feel more at ease, more encouraged to do and to do again. ”

Ángel González in reference to the kitchen-atelier of A. Calder
Pintar sin tener ni idea, ed. Lampreave, 2007.
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T. Taller de cocina – T. Culinary workshop
Sol89. María González y Juanjo López de la Cruz
Sevilla, 2018

Situación – Location Calle Boteros, Seville. Spain

Fecha de proyecto – Design date 2018
Fecha de terminación – Completion date 2018

Promotor – Client ConTenedor Cultural SL

Arquitectos – Architects Sol89. María González y Juanjo López de la Cruz

Aparejador – Quantity surveyor Cristóbal Galocha Valero
Colaboradoras – Collaborators Elena González Gracia, arquitecta
Rosa Gallardo Parralo, arquitecta

Superficie – Built up area 59 m²

Constructora – General Contractor Alejandro Fdez Carbonero y Carpintería Manuel e hijos

Mesa central – Central table Diseño de Sol89 – Design by Sol89
Elección de maderas y ejecución: Hombre de madera y Nicholas Chandler – Timber Selection and realisation by Ignacio Sánchez Martín and Nicholas Chandler

Fotografías – Photographs Fernando Alda

  “Una cocina es un buen taller: la casa de las manos; centro o anillo de todas las energías. En ningún otro lugar las manos se sienten más a gusto, más incitadas a hacer y a volver a hacer.”

Ángel González en referencia a la cocina-taller de A. Calder
Pintar sin tener ni idea, 2007.


LA MEMORIA DE LA CIUDAD

El pequeño lugar donde se desarrolla el taller de cocina posee una particular espacialidad en la que todo remite al fuste de fundición central que preside el local. A partir de la tenue iluminación que irrumpe a través de los dos huecos de fachada y el patio trasero, se perciben los potentes muros de fábrica de ladrillo que narran la historia constructiva de este edificio situado en la ciudad histórica, en la calle Boteros, toponimia del lugar tradicional de aderezo y venta de botas para el vino cuya etimología es recuperada en parte con el nuevo uso. 

LA LITURGIA DE LA COCINA

Se trata de resolver un taller de cocina donde ensayar posibles recetarios e impartir cursos de gastronomía, catas de aceite, vino… El lugar de los comensales y del profesor cocinero han de coincidir en un único espacio didáctico; el resto del programa es apenas un vestíbulo, una recepción, un office, un aseo y abundante almacenaje. El uso de taller de cocina remite a una labor comunitaria en la que el hecho de cocinar se abre a un conjunto de personas, ya no es proceso oculto sino acción desvelada en la que el cocinero, verdadero oficiante de esta ceremonia, revela el secreto a los asistentes. Esta condición de acción participada evoca una liturgia asamblearia que, junto a la centralidad que confiere el pilar de fundición, sugieren la configuración de un espacio alrededor del acto de cocinar. Proponemos entonces un lugar enroscado en torno al pilar que polariza el espacio, subrayando su centralidad mediante múltiples geometrías circulares y concéntricas a partir de él como máxima expresión del espacio de encuentro. 

EL BIOMBO Y LOS MÁRGENES

Mediante un biombo curvo de madera de fresno cuyo centro geométrico es el pilar, se define el espacio central del taller gastronómico, reservando el espacio intermedio surgido entre la cara convexa de la circunferencia y los límites del local para las pequeñas estancias necesarias. Se ofrece así una lectura clara del espacio en la que los usos servidores quedan desplazados a los márgenes e integrados en la geometría curva, evitando la proliferación de elementos que enturbien la compresión de un lugar reducido como éste. Al ascender, el paramento curvo del biombo se desmaterializa en su cota superior, restando únicamente los rastreles que lo soportan fugados hacia el pilar central, así construimos una estructura que permite recrear una atmósfera envolvente que además vela las instalaciones y los refuerzos de la estructura existente. 

EL SUELO DE LAS MANOS

Sostenía el filósofo Gustavo Bueno que la mesa es “el suelo de las manos”, consecuencia antropológica de nuestra evolución que debía proveer de un sustento a la manualidad una vez que las manos fueron liberadas de su función motriz. La mesa es un suelo elevado. Así, la mesa de los comensales y alumnos, realizada junto a Hombre de madera y Nicholas Chandler, abraza el pilar de fundición quedando presidida por la mesa del cocinero, llena de instrumentos y materiales como la de un escultor. Su altura puede cambiar para acomodarse a los actos de cocinar y de comer. Se ha construido con maderas de las calles de Sevilla: naranjo, robinia, ciprés, meliá, olivo y grevillea, especies, algunas de origen americano, recuperadas tras la poda anual o tras ser vencidas por el viento. Biombo y mesa amueblan el espacio, cabe hablar de una arquitectura instalada más que construida, en la que la relación con el soporte existente es más de contraposición que de interacción, matizando la materialidad del mismo pero sin velarla ni exponerla excesivamente. Será también una intervención reversible, que podrá mudarse en cualquier momento, habiendo aportado un estrato más a la memoria de este lugar pero sin llegar a perpetuarse.

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