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Carlos Cachón

Telegrama, no tuit

Las críticas que se dirigen unos a otros en privado se transforman en cálidas sonrisas cuando se encuentran frente a frente. Eso es lo que te confirma que has aterrizado en un ambiente provinciano. Poco importa el tamaño de las letras con que el nombre de la ciudad aparezca en los mapas.

Carlos Cachón

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Telegrama, no tuit

Un comportamiento justamente opuesto al que se suele dar en el ámbito familiar, donde las feroces críticas entre miembros se transforman en defensa numantina ante el más mínimo indicio de agresión externa.

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Telegrama, no tuit

Y hay algo estrictamente repulsivo en ese provincianismo. No se trata exactamente de hipocresía. Se trata del rechazo al conflicto. Se trata de velar por los propios intereses, de no dar un solo paso que pueda resultar perjudicial. Poner el negocio por encima de todo. Se trata de vivir en la mentira. De saber que nunca, en ninguna circunstancia, nadie te dirá nada verdadero.

Carlos Cachón

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Telegrama, no tuit

Entre las normas de una urbanización que se pretende modélica, que rehúye los vicios modernos y abraza las formas clásicas, parecen estar las que prohíben a los niños jugar en sus calles e instalar cualquier tipo de señal que pueda afearlas. Es de suponer que en el interior de sus casas sin embargo abundarán los televisores de alta gama y los sistemas de alarma, ya que la mayoría de sus propietarios parece ser, cómo no, de clase acomodada. Y es que los que fijan la vista en el pasado no suelen estar en contra del progreso sino de la parte del progreso que consideran perniciosa. Claro que su concepto de pernicioso es cuando menos curioso. Y normalmente más visual –formal- que sustancial.

Carlos Cachón

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Telegrama, no tuit

Entre sus promotores está, cómo no, el príncipe de Gales. Se comprende que la realeza está siempre en contra del progreso. Al fin y al cabo la idea de desarrollo y justicia lleva implícita la de que rueden las cabezas de los monarcas. Y hoy que ya no se estila el uso de la guillotina aún es posible recortar las asignaciones que los parlamentos destinan a estructuras obsoletas.

Carlos Cachón