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Carlos Cachón

Telegrama, no tuit

Ocurre con los buenos arquitectos que incluso aunque la primera impresión de su obra te decepcione, al acercarte sueles acabar descubriendo algo de interés. Con los malos por mucho que su primera imagen te sorprenda normalmente detrás no hay más. Existe una especie de incontinencia en quien se entretiene con su obra, no poder detenerse ni aun cuando se ha llegado al sitio que se buscaba. Cuando un buen arquitecto ha alcanzado su meta necesita seguir dándole vueltas a las cosas. Cuando uno malo llega a la suya respira tranquilo porque por fin no tiene que seguir esforzándose.

Carlos Cachón

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Carlos Cachón

Telegrama, no tuit

Luego están los que alcanzada la idea que buscaban saben detenerse a tiempo antes de destruirla, a pesar de sus ganas de seguir probando cosas, aunque sea para continuar luego esa búsqueda interrumpida en nuevos proyectos.

Carlos Cachón

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Carlos Cachón

Telegrama, no tuit

Un reconocido mandatario, célebre por los acuerdos que fue capaz de promover en una sociedad conflictiva cuando aún estaba en activo, proclama que poder y odio son incompatibles pues nada debe distraerte cuando has de tomar una decisión. Algunos sin embargo no podemos disimular nuestra fascinación por el odio, la única fuerza motriz capaz de permitirnos avanzar cuando ya no nos queda energía, de mantener viva nuestra memoria cuando ya todo ha sido olvidado, de mostrarnos aún una dirección cuando ya no queda nada que alcanzar.

Carlos Cachón

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Carlos Cachón

Telegrama, no tuit

Horizonte es el término básico. Cuando hablamos de las instituciones que nos rigen, del poder, del dinero, “¿cuál es su horizonte?”, es la pregunta que nos permite discernir su sentido, si obedecen a una intención legítima, si buscan beneficiarnos o aprovecharse de nosotros. Cuando consideramos los objetos como simples objetos, cuestionarnos su finalidad, cómo benefician a su entorno -preguntarnos ¿cuál es su horizonte?- es lo que nos permite advertir si tienen algún valor. Del mismo modo, cuando alguien niega la posibilidad de que existan los objetos como meros objetos, como simple apariencia, sólo hay una pregunta que debemos hacernos, ¿cuál es su horizonte? ¿Cuál es el propósito, la meta, del que niega esa posibilidad?

Carlos Cachón