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Carlos Cachón

Telegrama, no tuit

A la gente le suele molestar la proximidad de personas con trastornos compulsivos, de aquellos que repiten costumbres y manías de modo obsesivo. A esa gente que un día trabaja de 9 a 1 y de 4 a 8. Y al siguiente de 9 a 1 y de 4 a 8. Y al siguiente de 9 a 1 y de 4 a 8. Y al siguiente de 9 a 1 y de 4 a 8. Y al siguiente de 9 a 1 y de 4 a 8.

Carlos Cachón

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Telegrama, no tuit

Las melenas impolutas, que no desentonarían en un salón occidental, tras prudentes velos y que caracterizan a las mujeres de las clases pudientes de Teherán, explican bien cómo funcionan nuestras sociedades. No son las revoluciones, fáciles de sofocar, las que derriban a las instituciones represivas y moralistas. Un día un mechón. Otro día un toque de maquillaje. Es lo cotidiano lo que, con su incontenible presión diaria, acaba barriendo toda clase de poderes, que ante semejante enemigo poco pueden hacer. O deshacerse de sus súbditos, en su totalidad, o acatar sus inclinaciones.

Carlos Cachón

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Carlos Cachón

Telegrama, no tuit

Eso pone de manifiesto que sólo hay algo más insufrible que la hueca banalidad de los ambientes sociales selectos. El moralismo restrictivo y sofocante de una comunidad dictándonos buenas costumbres e intentando imponernos qué hacer. Excepto, claro, el caso en que esa comunidad es sustituida por el propio gobierno que la administra.

Carlos Cachón

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Carlos Cachón

Telegrama, no tuit

Me convenzo de que un invierno inusualmente desapacible demuestra cómo nuestros actos están transformando el clima, hasta que escucho a un corresponsal en Berlín explicar que lo que aquí son borrascas allí es un anticiclón. Lo que yo imaginaba como un descenso general de las temperaturas en todo el planeta, consecuencia evidente del cambio climático, no es más que un corrimiento de nubes. Salvo que, por supuesto, ese movimiento lo provoque nuestra actividad.

Carlos Cachón

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Telegrama, no tuit

Uno sólo puede aceptar el rol de moralista desde la convicción de su falibilidad, de que lo que expresa será criticado, tergiversado, troceado, destrozado, pisoteado. Esperar que todas nuestras palabras sean aceptadas sin protesta, sin oposición alguna, acaba resultando un peso demasiado difícil de soportar para los demás. Y especialmente para nosotros mismos.

Carlos Cachón