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Izaskun Chinchilla

Aprendiendo sobre las ciudades contemporáneas y sobre la ciudadanía real de Barcelona.

Cuando comencé mis estudios de arquitectura en la Universidad Politécnica de Madrid, todo el mundo pensaba que era mucho más interesante ser un arquitecto en Barcelona que ser uno en Madrid. Sólo algunos años después de las olimpiadas y el sentimiento general fue que, en Barcelona, había un verdadero debate urbano que solía reunir a las administraciones, profesionales y ciudadanía.

Izaskun Chinchilla

En ese momento mis tutores admiraban y sentían un poco de envidia por cómo los arquitectos que eran escritores asombrosos, que eran inteligentes, valientes y empíricos como eduard bru podían recibir grandes comisiones como la reorganización de la vall d ' Hebrón. Hablaron sobre un nuevo paisaje, sobre una noción dinámica de la ciudad en la que los flujos ordenaron el espacio con una mayor flexibilidad que la herramienta de zonificación solía hacer en décadas anteriores.

Mis tutores copiaron, cuando fueron capaces de tener pequeñas comisiones urbanas, la filosofía 'Hard Plaza' que helio piñon y albert viaplana habían hecho años antes en la plaza dels países catalanes. Los grandes debates alrededor de ese concepto de 'Hard Plaza' me permitieron empezar a descubrir algo que iba a ser muy importante más tarde: aunque yo admiraba y aprendí mucho de mis tutores, mis ideas de lo que ciudad, diseño y ciudadanía deberían ser muy diferentes .

Pero para construir mis pensamientos diferenciales y parte de mi oposición, miré de vuelta a Barcelona. La publicación en 1999 de "el animal público" de Manuel Delgado me permitió identificar lo que era parte de un gran cambio que estaba tratando de promover: lo que debería ser el objeto del debate, del diseño y de lo que merecía la atención política, debería No ser el suelo o el pavimento, deberían ser los ciudadanos. El gran esfuerzo intelectual debe estar dedicado a comprender, sin clasificar, las innumerables identidades y hibridez estructurales de las comunidades urbanas. Una vez más, la fuente de conocimiento estaba cerca del mar Mediterráneo. Sólo ha sido una lástima que en las últimas dos décadas las universidades de Barcelona no hayan permitido tanto la entrada de nuevas generaciones de jóvenes tutores... estoy bastante segura de que esto les habría hecho, una vez más, los líderes absolutos del reciente debate urbano.

Los proyectos posteriores como el mercat de Santa Caterina, de enric miralles y benedetta tagliabue, siempre me recuerdan que la importancia del impacto urbano merece más, o al menos la misma atención, que el propio objeto arquitectónico. Las grandes supermanzanas o las estrategias 22 @ me han confirmado que nuestra principal tarea como arquitectos europeos es la transformación de lo existente hacia con mayor resistencia de la sociedad y al medio ambiente.

No puedo imaginar mi educación y práctica sin la constante aportación de la reflexión sobre cómo podría ser una ciudad, viniendo de Barcelona. Mañana estoy segura de que voy a aprender otra lección que viene de la costa mediterránea: una lección sobre lo que debería ser la ciudadanía en un mundo complejo, global y multicultural. Te seguimos admirando, desde Madrid.

Izaskun Chinchilla 
30 de septiembre 

 

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