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Llàtzer Moix

Queríamos un Calatrava

Llàtzer Moix . Queríamos un Calatrava

Editorial Anagrama . + leer un capítulo en La Vanguardia

"Estamos satisfechos con el resultado del monumento de Caja Madrid. Pero, en mi opinión personal, si hubiera que volver a empezar, Calatrava sería la última persona a la que le encargaría la obra –sostiene un responsable de la entidad–. Porque una cosa es el Calatrava artista, que se cree Miguel Ángel Buonarroti, y otra cosa es el Calatrava gestor de su empresa. Negociar un contrato con él o con sus asistentes es una ­pesadilla. Te cuecen a fuego lento, exigen porcentajes elevadísimos, tratan de incluir en el articulado partidas genéricas abusivas, sin justificación, y parecen practicar de continuo la mala fe precontractual. Las genialidades de Calatrava pueden dejar temblando la cartera mejor provista."_

Santiago Calatrava es el arquitecto de origen español con mayor notoriedad global. Sus llamativos edificios blan­cos, de inspiración orgánica y lenguaje inconfundible, se levantan en una vein­tena de países, dando forma a estacio­nes de tren, puentes, aeropuertos, audi­torios, museos, rascacielos o estadios. En los años del cambio de siglo, cargos públicos y promotores privados tanto europeos como estadounidenses se dis­putaron sus servicios, convencidos de que garantizaban un plus de visibilidad y éxito, de que contribuirían decisivamen­te al progreso de su comunidad. Cala­trava era entonces una figura admirada, deseada y consentida prácticamente sin reservas. Pero, poco a poco, la percep­ción del arquitecto, ingeniero y creador plástico nacido en Benimàmet y afinca­do en Zúrich fue transformándose hasta invertir su signo. En el último decenio, su presencia en los medios de comunicación ha estado dominada por informa­ciones relativas a sus excesos, y muy marcada por la crítica y el reproche.

Queríamos un Calatrava se propone averiguar, detallar y exponer las causas de tal transformación. Con ese objetivo, Llàtzer Moix ha visitado algunas de las principales obras de dicho arquitecto, en Atenas, Malmö, Milwaukee, Nueva York, Venecia o Zúrich; también en diversas ciudades españolas, como Barce­lona o Valencia. Y ha conversado con los clientes que las encargaron, con los colaboradores del arquitecto que desarrollaron los proyectos, con sus usuarios y con otros expertos. En esta pesquisa han aflorado algunas constantes: de­moras, presupuestos multiplicados, renuncias sobre la marcha a rasgos defi­nitorios de la obra, mantenimientos onerosos, incidencias varias y, a la postre, clientes inicialmente seducidos por el arquitecto que acabaron repudiándole e, incluso, dirimiendo sus diferencias con él en los juzgados. Calatrava es un profesional talentoso y singular, como acreditó en algunos de sus primeros tra­bajos y reconocen numerosos colegas. Pero su arquitectura presentada como un sueño ha revelado en no pocas ocasiones un envés de pesadilla.

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